jueves, 3 de enero de 2008

NOTAS DEL TENTADERO/ Antonio Caballero


Por Antonio Caballero (6toros6)

La gente, ingenuamente, da por hecho que quienes nos atrevemos a opinar sobre algo sabemos algo sobre ese algo. En este caso, sobre toros. Eso nos halaga, pero a la vez nos preocupa. Nos pasa como a la mujer de Joan Miró, una astuta payesa mallorquina que se inquietaba al ver cómo su marido triunfaba estruendosamente en el mundo de la pintura:

-Ay Joan… - le decía- :¿Y si se enteran?

No se han enterado.

En lo que a mí respecta, y en esto de los toros, muchas veces he intentado dejar las cosas claras: no tengo ni idea. Pero nadie me cree. A lo sumo me responden con amabilidad que sí, que en esto siempre se aprende y nunca se acaba de saber. De acuerdo: pero es que yo nunca he aprendido y ni siquiera he empezado a saber. No me hacen caso. Piensan que lo digo por coquetería, por pescar elogios. Así que he acabado por resignarme al malentendido. Ya ni me ruborizo. Hasta firmo libros. Porque a la vez he descubierto que también es cierto aquello de que nadie sabe de toros, ni las vacas, que le atribuyen a Joselito “El Gallo”. Voy a cometer una infidencia. Una tarde me tocó en los toros una localidad justo detrás del director de esta revista, en una plaza de estrechísimos graderíos, la de Aranjuez. Vi que tomaba notas en una libretita. Yo hago lo mismo, pero las mías son garabatos incomprensibles, para que parezcan notas y a la vez quien las lea por encima de mi hombro no se dé cuenta de que lo que pasa es que no sé. El curioso me preguntaba entonces: “¿Y las entiendes luego?” Y yo digo: “Pschéee… Son sólo notas: la corrida está aquí” (y me doy una palmada en la frente). En fin. El caso es que espié por encima del hombro de nuestro director para ser sus notas, y copiarlas, y así lucirme luego y que dijeran “Jo, lo que sabe este tío…!” Y vi que ponía, en letra pero clara: “Cielo nublado”. Miré al cielo. Sí, estaba nublado. Pero hasta yo, que no sé nada de toros, hubiera podido darme cuenta de eso sin la ayuda de un crítico. Copie sin embargo la nota, por sí acaso, y luego la transcribí en un artículo sin cambiar ni una coma. Y me dijeron “¡Jo, tío…! Tú no es sólo que sepas un huevo, sino que además eres un poeta”. Creo que casi todos los poetas son así.

Eso, en la plaza, basta. Finge uno que toma notas, y ya. Pero ¿y en un tentadero en el campo? Ahí hay que opinar algo ¿no? Hay que arrimarse. No el ganadero, que no permite que nadie vea sus notas y por eso las toma oculto en un burladero excavado en el muro de la placita de tientas. (Luego, en la plaza de verdad, sale el toro descastado y manso y flojo, como todos, y el ganadero finge extrañeza: “Pero si la madre tuvo muy buena nota…” ¿Qué nota? “¿Cielo nublado?”) No el ganadero, digo, sino uno, que va de invitado al palco y tiene que opinar. Hay otros invitados, ganaderos, buenos aficionados, gente que sabe, algún apoderado, el picador en su caballote de crines rubias, un matador que tienta, y roquedales, y acebuchales, y el esquilón lejano de un buey. ¿Qué va a comentar uno, si no sabe? ¿Cielo nublado? Por eso dice, sabiamente, un gran aficionado que conozco:

-A mí esto de los tentaderos no...

¿No qué? No nada. Simplemente “no”, y unos puntos suspensivos. Ahí está el secreto de la sabiduría. En esos puntos suspensivos. Sale la vaquita, va, viene, corretea, se estrella contra el peto, hay gritos y carreras, se alzan remolinos de polvo. Dice entonces uno:

-Pues creo yo que esta vaca…

Y calla.

Más carreras, más gritos, más torbellinos bajo el cielo nublado. Y uno comenta:

-Pues no sé yo si…

O bien, cruzando los brazos:

-Vamos a ver si ahora…

Y le hace al vecino, con el dedo, ademán de guardar silencio y esperar.

Sale otra vaca, gritos, carreras, etcétera. Y aprovecha uno para dejar caer una afirmación rotunda:

-Claro: es que esta es otra vaca.

Y oye uno que en torno cuchichean:

-¡Jo, lo que sabe este tío…!

3 comentarios:

luis dijo...

oye.
ezo é.
que bien leer algo que siempre uno ha vivido.
eres en el punto neuralgico.
cruz y raya.
el cielo se despejo.
lo miro y echo de menos a las nubes.

un saludo de francia.
luis el alfarero

Miguel dijo...

De hecho calificar una vaca en un tentadero es dificil.Delante de tantas caracteristicas de bravura uno se queda medio confundido. Pero creo que el ganadero sabrá quales son las caracteristicas llave que quiere en su ganaderia e sabrá mas que nadie calificarlas. Por esso no veemos dos Ganaderias iguales, para mi essa es la belleza del Ganado Bravo... -todos iguales pero todos diferentes...
Saludos desde Portugal

Anónimo dijo...

Ole! entretenidísmo, muy interesante y lo se dice es la pura verdad "de toros ni las vacas saben". Para ver y sentir toros no hay que se una persona muy letrada, simplemente tener ese pedacito de sencibilidad adentro para apreciar esa cantidad de emociones que conforma y constituyen la Fiesta.

Pancho.