martes 10 de noviembre de 2009

Respuesta a falacias de antitaurinos/ David Alemán


Por David Alemán

>>>>La primera premisa se tomó de una cita de la Wikipedia sobre la>> declaración de la UNESCO. Esta es una relación de ventajas y>> oportunidades culturales: NO es una definición, mucho menos una>> definición sociológica ó antropológica. Mi profesor de lógica lo>> pondría como un claro ejemplo de IGNORANCIA DEL ELENCO.

>>>>El significado de “cultura” difiere según su uso pudiendo ser:>> humanista, antropológico, sociológico, psicoanalítico y etiológico.>>>> Emile Durheim, el padre de la sociología moderna argumentaba que: “La>> cultura es una realidad independiente, tiene vida propia fuera de los>> individuos.”

>>>> Si hablamos de valores, estamos dándole al término “cultura” un>> sentido antropológico. Esto es, referirnos a nuestra forma de vida y>> nuestra cosmovisión como sociedad.

>>>> El pundonor, la inteligencia y la estética son parte de los valores>> del toreo: NO ME IMAGINO A LUCIO GUTIERREZ ó a ABDALÁ BUCARAM como toreros por ejemplo.

>>>> En este sentido un hombre frente a un toro enfrentando la muerte cara>> a cara ES CULTURA. Lo mismo decimos de un indígena taromenani>> reduciendo la cabeza de un huaurani ó un estudiante quiteño que en el>> día de los difuntos fue a comer catzos en Sangolquí.

>>>> Tanto en el toreo como en las artes plásticas -pintura, escultura,>> tallado, etc- ó las escénicas como la danza o el teatro no se aprecia>> solo la técnica sino la estética en sí: Tiene que ser bello y el>> intérprete excepcional tiene ángel y duende (el frasco de las esencias>> del toreo.)

>>>> La tradición del toreo viene de su doble carácter litúrgico y lúdico,>> anterior a la cristiandad. De allí su relación con las fiestas>> religiosas, la idolatría hacia el torero -que toma el lugar del>> predicador- y la actitud fundamentalista de determinados aficionados.>> Ni siquiera la iglesia católica logró abolir las corridas de toros.

>>>> NO SE EQUIVOQUE: El toro-bravo es un animal seleccionado>> genéticamente. Se le han fijado determinadas características de>> codicia, acometividad, duración, clase, recorrido, etc. Si bien un>> toro puede ser apacible y manejable en grupo, al verse solo su>> comportamiento variara drásticamente. Baste con acercarse para que>> usted se de cuenta que embiste. Además, por las circunstancias>> ambientales, su comportamiento en una plaza de toros será más complejo>> y agresivo.

sábado 31 de octubre de 2009

Padilla sin verso/ Federico Arnás


Por Federico Arnás

Padilla no inspira a los poetas. Su aguerrida forma de ir al frente, esa sonrisa sufrida del que le pone buena cara a los toros con mala cara, ese pecho descubierto, las patillas de hacha, los cites que salen de los pulmones del miedo, no tienen verso. Padilla no se lía el capote, se ciñe un vestido que a veces parecen las paredes de un restaurante chino y hasta se cala una montera decimonónica para aguantar la guase de que parece Mickey Mouse. Lo hace Esplá y cantarían su gusto por desempolvar las láminas de La Lidia, pero si es Padilla el que se disfraza del ayer le tildan de "grasioso". Él debe estar anestesiado de todo y orgulloso de seguir en la brecha cada vez que un espejo le recuerda que la muerte le lanzó dardos al cuerpo, algunos para quedar muy cerca de la diana. Pero a mí Padilla me parece un bueno torero y a veces hasta muy bueno.

Me encantó en la miurada de Sevilla. Gocé en Valencia con su capote enganchado a un "adolfo" con tres medias que las firma su amigo Morante y le caen un soneto. Le he contemplado tirando con cintura, brazo y ritmo de un gran "victorino" en San Sebastián y le he reconocido hace unos días en Bilbao cuando desplegaba un magisterio nada exhibicionista, íntimo, acompasado y sabio. Un toro con sus problemas al que pulió, educó, dio el sitio que pedía, le ganó la acción en su momento y le echó vuelos de izquierda con su porte. Antes un capote bien tirado por abajo y un tercio de banderillas puro. Esos palos los clava cualquiera de los de plata y las crónicas cantarían sus excelencias. Pero elogiar a Padilla puede resultar sospechoso. Hubo unos cuantos pañuelos que sumados eran minoría porque no deben ser de buen aficionado pedirle la oreja no vaya a ser que piensen mal los entendidos. Ya les digo, Padilla no tiene poetas que le escriban ni crónicas que le canten. No vende, no es políticamente correcto decir que El Ciclón también puede soplar brisa reconfortante.

Hay un Padilla de largas cambiadas, galleos, chicuelinas, faroles, pares al violín, rodillazos, desplantes... Ese me gusta menos y a veces hasta me disgusta. Pero con el paso de los años fluye con más asiduidad el otro, el bueno, el qu ea lo sumo llaman buen profesionale, ese halaog que en el toreo no tiene tanto de alabanza como de sibilina crítica. Le mete mano a los de Miura, tore muy bien a los buenos "victorinos", entiende a las alimañas y se mueve con admirable soltura en el trapecia de esas corridas que le arrancan jirones al valor. Lo mismo le ves citar en la puerta e chiqueros para sortear un misil astifino que le mece los brazos a un toro que pida que lo acunen. Y cuando llega la hora de la espada es de los que se va detrás de los gavilanes.

A J.J.P. le han sobrado gestos a destiempo, voces alteradas, chalecos desabrochados, y vulgaridades cuando el toro no eera tan vulgar. Un camino corto cuando él puede exhibir un toreo largo. Está bien que le censuren lo más accesorio y teatral de su tauromaquia, pero e parece injusto que ahora que está realizando una temporada muy seria no le caiga ningún titular no vaya a pensar que al autor de la crónica le gusta el Ciclón de Jeréz. Capaz de hacer el paseillo con los puntos de las cornadas sin cerrar o con la espalda molida como en Vista Alegre sin un gesto que invite a la compasión. A Padilla lo pones en la primera línea de la pélícula 300 y sale con más de una oreja cortada.

El variado muestrario del catáloog Matilla reúne la veterana clase de un Finito que ya sólo espera a su toro, el espectáculo asegurado de El Fandi, el empaque vestido de un Manzanares que apura el último tranco de la novedad y el patito feo de Padilla, siempre dispuesto a meterle el diente a la carne más dura. Y ahí está, sobreviviendo y creciendo con 36 años en la piel, 15 de alternativa, no sé cuántas heridas y cerca de 700 corridas en la hoja de ruta. Y vaya corridas... es como si J.J.P. en lugar de Juan José Padilla quisiera decir: ¡Joder, Juan, Pelea!.

Me gustaría que antes de que se vaya haga las paces con Madrid, porque su fondo lidiador debe ener un espacio de reconocimiento ahí donde casi todo es cuesta arriba. Si lo hace espero que no le guarden renconr por haberle sonreido con guasita al 7. Un día El Fundi les dio la espalda y ahora le tocan las palmas aunque la reocnciliación ha tardado tant que casi se eterniza el divorcio de una parejadestinada a entenderse. No todos los buenos toreros tienen poetas, Por ejemplo, Padilla, que a lo sumo es un verso suelto.

miércoles 28 de octubre de 2009

Sobre Le coq y la hierbabuena/ De purísima y oro


Por depurisimayoro.blogspot.com

Las tardes comienzan de mañana, la línea blanca del tren y el aire íntimo de las estaciones en sábado. Nos reunimos los supervivientes de aquella isla de de infancia y pasado. Nos queman los recuerdos claro; los vemos venir de lejos con ese sonido de campana lejana. Y esta compañía es hielo para estas quemaduras del tiempo. Mirándonos sabemos que las verdes praderas, los días Mojados, la ciudad y sus fuentes doradas existieron. Porque Padova fue un tiempo de éxito y una barra de café y mediodía, una vida de noches y licores, de niños que nacían y mujeres que esperaban que aquel champan se apaciguara con el devenir de los placeres y los días.
Bajar la calle de Alcalá con una copa vasta en la mano, mimando la ginebra, no dejaba de ser un homenaje de aquel tiempo. Flotaba por eso la hierbabuena en este día 3 de octubre del año no sé cuántos después de los Príncipes de la fuente dorada. El tiempo no importa. Importa que perdura el azul de aquellos ojos y la hierbabuena tiene el mismo perfume de vida, la misma mirada verde para ver esta reina de ladrillo que embelesa Madrid.
Si Napoleón hubiera mandado un soldado valiente a conquistar Madrid, ese hubiera sido Castella, vestido de azul pavo, con esa línea sobre la taleguilla tan Robertodomínguez. Nada que ver con Napoleón, Castella es un látigo de mimbre con una izquierda de borgoña. Barrió Madrid esta muleta roja, azul y blanca y dibujó una trinchera eléctrica apasionada que fue rotunda conquista para Madrid. Castella tiene ese punto de sazón del éxito y una fórmula muletera pensada desde la habitación del hotel, una muleta asimétrica que pasa del toreo fundamental al espejo Ojedista. A veces tanto vaivén me saca del tiempo hermético de la faena. Aparicio tan de negro corrió más de lo que quiso y se buscó la indulgencia del pasado en una media con sabor, entre pitos, bronca y nubes negras como el azabache. Es algo indigno vivir de aquel pasado de Alcurrucén y embrujo. Es mejor guardar aquello en las dobleces de un pañuelo blanco. Aquel día que Aparicio inventó un lugar propio entre la distancia y el embrujo.

Las tardes acaban de noche con el atardecer de Madrid, un toro que todavía embiste bravo por calle y quiere seguir la estela blanca de los taxís. El latido de su asfalto, cuatro herederos que no olvidan la herencia de la memoria, el comienzo del mar; luego los besos de la despedida y con la velocidad de un tren que aún tiene una niebla de Montecristo sobre las fotografías de toreros y habitaciones de hotel. La luz de una cerilla que ilumina en penumbra la habitación mientras Morante de la Puebla, prende una habano, que es como prender el buen bajío y la ilusión, esa misma ilusión que traíamos nosotros en ver hoy un cielo de capote rosa: pero hoy llegó tarde el barco que cruzaba el océano desde Puerto Rico hasta el atraque de esta Monumental.

martes 13 de octubre de 2009

La poesía/ Antonio Caballero


Por Antonio Caballero
Revista 6toros6 No. 789, agosto 2009.

Parece ser que están filmando en California una película sobre una torera lesbiana. Y en una entrevista cuenta la actriz protagonista que lo más difícil para ella no fueron las escenas de sexo (a estas alturas, hasta el Dalai Lama...), ni los desnudos (si son exigencia del guión…), sino “aprender a torear”. Al llegar a este punto de las declaraciones de la artista me detuve, estupefacto. ¡Ah! ¿Es que se puede aprender?

La señorita en cuestión dice que sí, y que lo único que hace falta para eso es atreverse.

No sé. No estoy seguro. Me parece a mí que no. Una vez un excelente aficionado (taurino, por supuesto: es la única palabra que nos pertenece de verdad sólo a nosotros) me dio a leer unos poemas de su propia cosecha (taurinos, por supuesto). Palidecí. Pero en fin, los leí de cabo a rabo. Cuando iba por la tercera o cuarta estrofa me acordé de la anécdota de un malhumorado crítico a quien un poeta entusiasta le había pedido su opinión sincera sobre cuál era mejor de sus poemas que había compuesto. El crítico le echó una ojeada al primero y dijo sin vacilar:

-Es mejor el otro.

De la docena que a mí me tocó leer no era mejor ninguno. Con precaución, con dulzura, como quien el habla a un amigo gravemente enfermo, se lo dije al poeta. Y alegó en su defensa:

-¡Pero si son taurinos!

Sí, sí: por supuesto. Pero no eran poemas. Quiero decir que no eran poesía. Los aficionados (a los toros, por supuesto) tienden a creer que lo sublime de su adicción basta para ennoblecer todo lo que al respecto les salga de los cojones: pasodobles, cuarteles de feria, estatuas de toreros, fotos, crónicas, elegías. Y no es así. Se trata de un error antiguo, es cierto: en él cayeron los maestros de la retórica clásica, que juzgaban la calidad de una obra artística a la luz de la elevación de su tema. Y no es así. El arte no está en el tema. Va, por ejemplo, Sánchez Cotán, y en vez de pintar una escena edificante tomada de la Historia Sagrada pinta un bodegón con un repollo y un nabo. O le escribe a Quevedo una elegía en endecasílabos al ojo del culo. La cosa es al revés: los temas “pintorescos” no suelen ser buenos temas pictóricos, y por añadidura en general son cursis. Y los temas “poéticos” producen mala poesía, salvo cuando quien los trata es un poeta de verdad: y de esos sólo hay uno o dos en cada generación y en cada lengua. Góngora, pongamos por caso, es capaz de hacer maravillas con recursos tan ostentosamente “poéticos” que parecen de caricatura, como pueden ser un clavel, la aurora, el seno:

Caído se lo ha un clavel
hoy a la aurora del seno…

Pero déle usted los mismos elementos a uno que no sea Góngora, digamos a Julio Iglesias, y a ver qué pasa.

Con lo cual vuelvo a los poemas taurinos de mi amigo el aficionado, y a las declaraciones de la actriz de cine que aprendió a torear para representar a una torera lesbiana. En todos los casos el problema es el mismo. Es necesario atreverse a ser poeta para ser poeta, y es necesario también atreverse a torear para ser torero. Pero no basta con atreverse.

Un gran poeta, Rainer María Rilke –uno que, con todo y ser alemán, una vez se atrevió a escribir un poema taurino nada menos que en Ronda- dio un consejo sabio en sus “Cartas a un joven poeta”:

- Si no es absolutamente necesario, no escribas.

A mi amigo el aficionado poeta, o poeta aficionado, le cité el consejo de Rilke. Se lo tomó muy en serio conmigo. Y ahora pinta.

domingo 11 de octubre de 2009

Cómo ver una corrida de toros/ Gregorio Corrochano


Por Gregorio Corrochano

Para ver una corrida de toros, es condición indispensable no perder de vista al toro. Es muy importante lo que hace el toro. Donde está el toro, está la corrida. el que sólo mira al torero, ve la mitad. Hay que mirar al toro y al torero, pero primero al toro. Todo gira en el ruedo alrededor del toro. Por él dictó la experiencia de los grandes maestros las reglas de la Tauromaquia, que son las leyes de la gravitación del toreo. El toro, no solamente es el protagonista, es el objeto del espectáculo. El espectador que distrae su vista del toro, en aquel instante deja de ver la corrida. Al mirar al toro, no solamente vemos lo que hace el toro, sino lo que hacen con él los toreros. Y relacionando lo que hace el toro y la intervención del torero, que esto es la corrida, juzgamos. Acabamos de definir la lidia. La posibilidad del toreo, la da el toro. Y de esto depende el conocimiento del espectador.

No olvidemos esta premisa: el toreo es función del toro.El estado del toro no es fácil verlo, suele ser confuso, lo que da lugar con frecuencia a desacuerdo en la interpretación del toreo. El toro unas veces trae resabios adquiridos en el campo por causas varias, que no vamos ahora a analizar; otras veces los adquiere durante la lidia. Si sale con resabios visibles, toda la lidia debe orientarse a corregirlos; se podrá o no, pero debe intentarse. Si no manifiesta resabios en los primeros momentos, toda la lidia debe orientarse a evitar los resabios de una lidia equivocada; a que no “aprenda”, como dice el público, y dice bien, porque los toros “aprenden”. No olvidemos, que todo lo que se hace con el toro es burla molesta, y esto contribuye a desarrollar su instinto defensivo, “aprende” a defenderse. La bravura es el grado superlativo del instinto. El toro no acomete por comer, acomete para defenderse, embiste en defensa propia a lo que teme y tiene más cerca de los ojos. El aprovechamiento de esta condición, única de esta fiera, es la fuente del toreo.

La bravura del toro tiene un gran parecido con el valor del torero. Porque si el toro defiende su temor al hombre que le hostiga y le hiere, acometiendo con bravura, el torero tranquiliza su miedo toreando valerosamente. Sus dos miedos se encuentran, se retan y chocan, el miedo del toro bravo al torero, y el miedo del torero valiente al toro. Este acoplamiento de bravura y valor, al enfrentarse, y temerse, hace posible la maravilla del toreo. El toro abanto que sale huído buscando una salida, y al no encontrarla se para, y se crece al castigo, es un caso tipo de la bravura como recurso del instinto.El toreo tiene su explicación en el movimiento geométrico de dos líneas: una vertical, que es el torero, y otra horizontal, que es el toro. En tanto la línea vertical gira sobre sí misma sin variar de punto de apoyo en el suelo, la línea horizontal tiene que trasladarse, haciendo un recorrido para ir y otro para volver. En aprovechar todo este tiempo empleado por el toro en embestir y revolverse, en ir y venir, que por rápido que parezca, es lento si se compara con el giro del torero, está basada la defensa del torero y la posibilidad del toreo. En esta sencilla lección de geometría nace toda la difícil teoría del arte de los toros.

La bravura, más o menos desarrollada, y más o menos sostenida, es la que sufre cambios, se modifica por el castigo y por los incidentes de la lidia, y a ello deben estar muy atentos, el torero que se enfrenta al toro, y el público que tiene que estimar lo que hace el torero. El error, al primero puede serle fatal; la ceguera del segundo le lleva a la incomprensión o a la injusticia. Aunque no fuera nada más que por esto, la atención al toro la considero capital.De aquí se deduce: que hay que lidiar los toros, que hay que saber lidiarlos y que la lidia es fundamental en la corrida, tan fundamental que da nombre a la condición del toro: toro de lidia. Un toro mal lidiado es un drama donde ninguno sabe su papel. A veces ni el toro. Hacemos hincapié en esto, porque es frecuente en la afición novata entender por lidia: esfuerzo, vulgaridad, trabajo de trotarruedos, toreo de gañanía, torpeza. Lo torpe es entender así la lidia, que es finura de observación, vista, inteligente conocimiento de las reses, facilidad de adaptación, dominio del toro y del toreo. Un gran lidiador es siempre un gran torero, con raíces clásicas, aunque se permita, por las circunstancias, licencias modernas y personales. Si no sé cómo es el toro, no sé cómo es el torero. Si el toro es pastueño, boyante, tranquilo, que se queda donde le dejan, y cuando le llaman va, que deja colocarse tranquilamente al torero, de los que por su bondad extremada, se le compara en las viejas revistas con “una hermana de la caridad”, no con falta de respeto a la hermana, sino como término de comparación inigualable de bondad en bárbara pero expresiva metáfora, entonces, todo lo que se haga con este toro tiene una importancia artística y estética en al que hay que dar su parte al toro, que ayuda y no es peligroso. Este toro tiene la bravura precisa para no parecer manso, para pasar por bravo y dejarse torear.
Si el toro es de bravura revoltosa, que cuando pierde el engaño se vuelve rápido en su busca, y se “come la muleta”, y no deja entrar al torero en su terreno, es intolerable al cite, y de bravura agresiva, todo lo que se haga con este toro hay que apuntárselo al valor, al conocimiento y al dominio del torero. Este toro es verdaderamente bravo de raza. Es peligroso. Hay que saberle torear para no invertir los términos, y que sea el toro el que toree al torero, lo que he visto muchas veces.

Los toros mansos si no son de sentido, no tienen ninguna importancia; si se saben torear son muy lucidos, por contraste, porque el público no espera nada. Si son de sentido, hace falta un torero y un hombre.

Por el estado del toro, por la condición del toro se debe medir al torero. ¿Ese lance es precioso? ¿Cómo es el toro? ¿Esa faena es buena? ¿Cómo era el toro? ¿El toro rueda de la estocada? ¿Cómo entró y dónde dejó el estoque, en las agujas o en los bajos?

jueves 1 de octubre de 2009

"Las culturas se deben respetar"



“Las culturas se deben respetar” (New York Times)
Tomado de http://www.burladero.com/


El diario The New York Times publica, su sección de arte, un amplísimo trabajo dedicado a los festejos taurinos del pasado fin de semana en Barcelona y a la repercusión de la iniciativa legislativa popular que se debatirá en el Parlamento. El reportaje, firmado por el crítico de arte del diario, Michael Kimmelman, aborda todos los puntos de vista.
El autor asegura que "José Tomás todavía atrae multitudes. Para los aficionados es la última y mejor esperanza para el toreo, como se llama la tauromaquia. Solitario, es un torero de la intrepidez sobrenatural y tranquila, llena de historia y misterio, que se retiró en 2002, a los 27 años y la altura de su fama, sólo para regresar de forma inesperada cinco años más tarde en Barcelona para lo que resultó la primera vez en veinte años que se vendieron los 19.000 asientos de la Plaza Monumental"
Kimmelman hace un análisis de la situación actual: "En los últimos tres decenios, la disminución de interés entre los jóvenes catalanes se ha combinado con la presión de los defensores de los derechos de los animales y de los nacionalistas catalanes a paralizar toreo en Cataluña. En las cuatro provincias de la región se han cerrado plazas de toros; Barcelona es la única que sigue activa".
Sin embargo, no siempre fue así: "Lo que está claro es que durante los primeros años del siglo pasado, en Barcelona había no menos de tres plazas de toros. Es la meca de los aficionados. Hubo más corridas aquí desde la década de 1920 hasta la década de 1960 que en cualquier otra ciudad española".
Michael explica en el diario más importante del mundo que "el toreo es una cuestión de patrimonio cultural español, dicen los aficionados. Europa podría unirse en torno a intereses comunes sociales y económicos, pero las culturas nacionales deben ser respetadas, y el toreo representa la diversidad cultural".

'Europa es cada vez más grande y Barcelona más pequeña'

En el reportaje se ofrecen también testimonios. Uno de ellos es el del escritor Robert Elms, británico especializado en viajes, quien asegura que "en un momento en que Europa es cada vez más grande y más multicultural, Barcelona es cada vez más pequeña y catalana. Es la vanidad, esa es la única palabra".

Vanity habla de una cultura de la inseguridad nacionalista "La posible prohibición es similar a una ley aquí que requiere a los escolares a recibir la mayor parte de su educación en catalán, no español".
También se ofrecen testomios de Paco March, crítico taurino de La Vanguardia, quien confiesa que los compañeros de su hija, de 15 años, la llaman fascista porque tiene una foto con un torero pegada en su cuaderno. "Siento rabia que en nombre de la democracia -explica March- una minoría de opositores del toreo podría borrar los derechos de otra minoría, los aficionados, que están disfrutando de lo que hay en este país, un espectáculo legal que expresa verdades profundas sobre la vida y la muerte llevados a sus extremos. "

March concluye asegurando que "queremos ser diferentes del resto de España por no matar a los toros", dijo. "Pero sólo estamos matando a nuestra propia cultura".
Pase lo que pase en la tramitación en el Parlamento, el Kimmelman explica con claridad que "sería un error concluir que el fin de las corridas de toros aquí anuncia su prohibición en toda España. Esta es una presión que España siempre ha resistido desde el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para poner fin al toreo. ¿Qué le pondrá fin, en todo caso, la indiferencia pública, la competencia más barata de entretenimiento como el fútbol y los juegos de vídeo o el paso de una generación de aficionados?".

miércoles 30 de septiembre de 2009

El mito de Curro Romero/ Ignacio de Cossio


Conferencia pronunciada por el escritor, periodista y crítico taurino Ignacio de Cossío con motivo de los Cursos de Verano de la Universidad de Almería, celebrado el pasado miércoles 8 de Julio de 2009 en la Plaza de Toros de Roquetas del Mar, junto al historiador y cronista José Luis Suarez Guanes y al taurino y mozo de espadas del gran Faraón, Gonzalo Sánchez "Gonzalito".

¡Señoras y señores! Buenas tardes y gracias a todos por acompañarme un día tan especial. En primer lugar quisiera felicitar al Ayuntamiento de Roquetas de Mar en su Área de Educación y Cultura, a la Universidad de Almería y a la empresa de la Plaza de toros de Roquetas de Mar, especialmente en la figura del diestro Víctor Zabala de la Serna, por concederme la posibilidad de encontrarme aquí en la ciudad de Roquetas del Mar y ante los universitarios almerienses para hablarles del maestro Curro Romero.Curro Romero, es el último torero de leyenda, de personalidad arrolladora, mitificado hasta la misma linde de la mitología taurina. Su toreo tan lleno de garbo, señorío y empaque ha sido imposible de explicarse del todo, resulta difícil catalogarlo, encasillarlo por su forma de interpretarse, no es sevillano, no es agitanado sino más bien rondeño pero no totalmente, era personalísimo, inconfundible, irrepetible como la esencia de Romero, Curro Romero sin más.Llegó al toreo por el camino de la necesidad, que no es otro que el que alimenta el espíritu de los valientes. Nace, en el seno de una familia humilde y obrera que pastorea ganado tras la guerra civil en el Cortijo de Gambogaz propiedad del General Gonzalo Queipo de Llano, y allí mismo guardando vacas, ovejas y cochinos escucha los primeros olés de su vida, arrastrados por el viento, que desde la Maestranza le llegaban con el río. A los catorce años de edad cuando siente la necesidad de escapar de ese mundo que le rodea, se adentra en el planeta de los toros, un territorio que no le era menos familiar por otra parte pues su padre era un buen aficionado e incluso tenía un tío paterno que llegó a torear de becerrista en la plaza de toros de Sevilla. Con el apoyo de los suyos y el paso de unos años comienzan los tentaderos que le permitirán debutar de luces con éxito en la Pañoleta el 25 de Julio de 1954; y dos meses más tarde hacer lo propio con caballos, concretamente el 8 de septiembre en la ciudad de Utrera, actuando con Juan Gálvez, Paco Corpas y Ruperto de los Reyes, recogiendo un sonoro triunfo. Su carrera se toma un descanso a la vuelta de su actuación en Barcelona el 1 de enero del siguiente año para incorporarse al servicio militar en la Maestranza de Artillería de Sevilla sito a escasos cien metros del Coso de Baratillo. Una vez licenciado y con la recomendación de su apoderado Antonio Chaves, nieto de “Camero” – el que fuera picador con Joselito, y con la intermediación de Diodoro Canorea-, logra debutar en Sevilla, el 26 de mayo de 1957, sustituyendo al herido Juan García “Mondeño”.La tarde de su presentación en Sevilla y especialmente la faena realizada al sexto novillo de la tarde de nombre “Radiador” de Benítez Cubero, causó un impacto mayúsculo entre los aficionados que pronto comienzan a comparar su personalísimo empaque y majestad con el mismísimo Reverte o Antonio Fuentes.En su primera etapa surge el Romero más puro, el más clásico, el más belmontino, fiel a la mejor tradición de los toreros de los años treinta. Si Paula fue el sueño del Pasmo, Curro es su sonrisa, la alegría, el disfrute del arte. Toreo cien por cien natural, aunque, sin el dramatismo ni el barroquismo gitano, se convirtió de repente en la sombra del toreo flamenco en pro de esa cruzada que se dió en llamar por y para el arte.Recordemos los versos del poeta valenciano Rafael Duyos:¿No hay guitarra que te cante?¿No hay soleá que te nombre?¿No hay son de palmas que digaLo lento de tu capote…?En aquellas fechas puede decirse que nació a la vez el movimiento más leal que ha existido alrededor de la figura de un torero, cuasi una religión, más conocido como el “currismo”. De Sevilla se extendió a todo el país formando legiones enteras de aficionados que le siguieron, lo esperaron y se deleitaron con su buen toreo desde entones hasta hace casi nueve años en donde decidió retirarse definitivamente tras un festival toreado en La Algaba, contando con sesenta y seis años de edad; y cuarenta y dos años de profesión a sus espaldas.El paso de Curro Romero en la historia de la tauromaquia ha sido trascendental pese a demostrar una irregularidad considerable en su trayectoria profesional. Las tardes gloriosas se intercalan con las más decepcionantes, descubriéndonos hitos y cifras que nos hacen romper cualquier otra estadística conocida, lo de Curro era imprevisible, tenía que estar muy seguro que el toro tenía condiciones ya que para su forma de interpretar el toreo requería de un toro bravo que siempre obedeciera hasta el último tercio y eso según el maestro apenas salía muy de tarde en tarde.A lo largo de su extensa carrera se puede afirmar que el estilismo y la personalidad arrolladora de Curro Romero, unido a un gran oficio y una buena técnica a su servicio para abreviar con el toro que no le convenciera y finiquitar al complicado, le convirtió en un erudito taurino, con él cada fracaso le daba tanto caché como a los demás los éxitos, convirtiéndose aún durante sus tardes negras en todo un héroe popular.En el recuerdo de aquellos años se conservan faenas memorables como la de su debut en la plaza lisboeta de Campo Pequeño, en donde se entretuvo en dar cuatro vueltas al ruedo mientras que los capitalistas al finalizar el festejo se lo llevaron a hombros hasta el hotel situado a cinco kilómetros de la plaza. Tan solo Manolo dos Santos en su despedida y Curro Romero en su debut novilleril han logrado salir a hombros por la plaza portuguesa. Curro deja tras de sí toda una manifestación de partidarios y detractores, que se afianzan con el tiempo, heredándose de padres a hijos. Su toreo no deja a nadie indiferente, genial en todo y por todo, hermanado con el Divino Calvo, Rafael El Gallo en aquello de hacer de la improvisación inspirada por los sentimientos toda una religión. Nunca se sabía que iban a hacer, ni el cómo ni el porqué. Capaces de todo y de nada. De armar un alboroto o formar la marimorena. De triunfo increíble o de fracaso impensable. De dos orejas y rabo o toro al corral. Siempre distintos y únicos de un día para otro.La alternativa no se hace esperar y la toma sin pena ni gloria el 18 de marzo de 1959 en Valencia contando como padrino Gregorio Sánchez y testigo Jaime Ostos, el toro tocado en suerte del Conde de la Corte se llamó “Vito”. Otra actuación En el Domingo de Resurrección en Málaga le preparan para su vuelta a la Feria de Abril en Sevilla. Esta sería la primera de sus cuarenta ferias abrileñas interrumpidas en las que tomó parte el camero.La tarde de 26 de mayo de aquel año frente al novillo “Gallego” de Peralta, realiza una de sus mejores faenas. Las fotos de la efeméride delatan un toreo de cante grande, de mucha entrega, de compás abierto, de pierna adelantada, de manos muy bajas, arrastrando el capote a lo Curro Puya.Antonio Díaz-Cañabate notario de excepción del triunfo de Curro con el de Contreras afirmó tras su actuación maestrante:“Ya ví a Curro Romero. Sevilla es la tierra del duende. El duende es lo misterioso del arte flamenco. Curro Romero vino a la Feria y el duende lo acompañó escondido en el capote embrujado, en la muleta. Y no fue Curro Romero. Fue el duende el que toreó ¿Quién si no es capaz de ensoñar unas verónicas como las que vimos al duende que cosquilleaba a Curro Romero y que se abrieron en el tercer toro...como rosas? ¡Pues vaya por las rosas!, que se metieron en el aire transformadas en prodigiosos lances por la magia del duende inspirador (…) Y en el sexto…era al anochecer. El sol, en cielo aún, pero no en la Maestranza. Luz de crepúsculo incipiente. Luz desmayada de Sevilla en abril. Y el duende brincando en la muleta de Curro Romero. “Vamos pa el toro, que esta muy güeno”. Y el duende, quietecito en la muleta dijo por lo bajines: ¡Allá va el misterio! ¡Allá va el arte! Los tres pases por bajo, asombrosos, se quedaron como tres esculturas de manos griegas. (…) Y a la salida me tropecé a Curro, calle Adriano adelante en alto de la multitud, mientras el duende se quedó en el ruedo, dormido sobre tres pases asombrosos, almohada de la gracia.Gregorio Corrochano no se queda corto tampoco y remata faena el mismo día:“Curro Romero bordó el toreo, según dijo una linda mujer de mi vecindad; pintó el toreo, dijo un hombre; esculpió el toreo, opino yo. Porque es verdad que tenía primor de bordado; es verdad que tenía colorido de paleta de pintura; pero también es verdad que la pintura tenía relieve, y eso ya es escultura. Tenía son de armonía y composición; por eso cuando sonó la música en la faena yo no sabía si tocaba la banda de la plaza o salía el pasodoble de la muleta de Curro Romero; de aquellos primeros pases tan precisos, tan limpios, tan medidos, que parecía que el toro empujaba la muleta con su aire, sin lograr alcanzarla con las astas…”Sevilla no dejaría de disfrutar con su arte en otras tardes apoteósicas como: la del sobrero de Clemente Tassara en el año 60 en donde la afición afirmaba que se marchaba un torerazo llamado Manolo González y que llegaba él con aire fresco; la tarde en solitario con los seis toros de Urquijo del 66 en donde le otorgarían ocho orejas, único espada hasta el momento que logrado obtener tantos trofeos en la Maestranza; otra faena a otro toro de Urquijo en el 67; la tarde del 68 frente a distintas ganaderías; la del 80 frente a un toro de Carlos Núñez; o la del toro de Martín Berrocal en el año 72 en donde cortó 3 orejas y se negó a salir a hombros. Cinco que bien pudieron ser seis Puertas del Príncipe atesora nuestro Curro de su paso por la Maestranza.Curro es una realidad que nos afecta desde muy pronto a todos, recordemos a D. José María de Cossío en sus últimas palabras rescatadas de su Disertación final de los toros en su último tomo del Tratado Técnico e Histórico de Los Toros publicado en 1961, al terminar pronosticando una realidad muy próxima:“Hay un diestro de Camas, Curro Romero, apunta, y ya más que apunta, todo el embrujo el toreo sevillano, con un son menos jubiloso y un aire más grave, pero no menos depurado y atractivo. (…) Curro Romero pertenece a esa especie de toreros artistas que produce Andalucía, puede decirse que por la gracia de Dios. La calidad de su toreo es extraordinaria y, aún en tardes menos afortunadas, perceptible por los verdaderos aficionados. No busca el éxito en excentricidades ni nuevas suertes, sino la personalidad que presta a los eternos lances de la lidia" .Curro Romero en aquel entonces contaba con tan sólo veintiocho años de edad y dos de alternativa.Por aquellos primeros años sesenta le cogen mucho los toros y le hieren de suma gravedad. Era una quimera, se decía torear con aquella pureza a cualquier toro. En la segunda etapa, Curro sufre, una auténtica trasformación estética, comienza la reencarnación de Cagancho basado en un toreo más suave, más frágil y menos grave. El arte de Romero nace en las yemas de los dedos nadie mece la verónica con tanta suavidad, con tanta dulzura un lance se convierte en una pura caricia. Los pies asentados en la arena, el pecho fuera, siempre vestido como un príncipe y luego como ligaba uno y otro lance de punta a punta de la plaza. Desde una trinchera a un cambio de manos todo en él parecía realizado sin esfuerzo aparente. La hondura de la primera época se transformó en empaque, cadencia y arte.El poeta montañés Gerardo Diego nos desvela el secreto de su verónica caló:Lenta, olorosa, redonda,La flor de la maravillaSe abre cada vez más hondaY se encierra en su semilla.Cómo huele a abril y a mayoese barrido desmayo,esa plaza de desgana,ese gozo, esa tristeza,esa rítmica pereza,campana del sur, campana.La confirmación en la capital se confecciona con un cartel netamente sevillano: Pepe Luis Vázquez, Manolo Vázquez y Curro Romero con toros de Eusebia Galache, se celebra el 19 de mayo de 1959 y se suspende durante la lidia del tercer toro, tras una lluvia persistente. No hay opción de ver a Romero pero la empresa repite cartel el 20 de septiembre del mismo año y Curro lo borda con un sobrero de Aleas de nombre “Regatero”.Cañabate nos relata con entusiasmo la faena al día siguiente en el Diario ABC:“Los espectadores abrieron los ojos nada más ver los dos ayudados por alto iniciales de la faena de Curro Romero. Espatarrado, cimbreante el cuerpo, cargando la suerte con majeza y empaque. Y de aquí para adelante. Una faena de toreo puro. Una faena llena de hermosura, la sin igual hermosura del toreo clásico realizado y realzado con la arrogancia, la finura, y el temple de un muchacho con gran planta de torero. Naturales con la derecha. El solo adorno de dos molinetes. ¡Pero qué molinetes! Lentos, lentísimos, suaves rítmicos, armoniosos. Se despertó Curro Romero y tan luminoso fue su despertar que el crepúsculo vespertino parecía un amanecer. El amanecer del toreo puro, casi siempre nublado por las nubes de lo monótono, de lo vulgar. Mató de una estocada, le concedieron una oreja y salió a hombros”. En Madrid con esta primera salida a hombros adquiere un cartel inmejorable, siempre con máxima expectación, en donde se le ha esperado y querido mucho. Allí sumaría siete de las ocho Puertas Grandes que pudieron ser pues también se negó a salir a hombros otra tarde en Las Ventas. Desglosemos sus apoteósicas salidas venteñas: la del 59 con el mencionado de Aleas; la de la faena al arellano del 62; la tarde en la corrida de la Prensa con los alipios en el 63; la tercera salida a hombros en el año 65, dos más en el 66 con toros de Antonio Pérez de San Fernando y la del 67 con el famoso “Marismeño de Benítez Cubero junto a Camino y Puerta. Curiosamente el día antes de la faena al citado “Marismeño” en el mismo escenario se dejó un toro vivo de “Cortijoliva” que resultó muy manso en el primer tercio y que por discrepancias presidenciales acabó el diestro sevillano detenido y conducido al calabozo. Más tarde en el año 73 es cuando se niega a salir a hombros tras una gran faena de dos orejas a otro toro de Benítez Cubero, inexplicablemente.Otra de sus gloriosas faenas y posiblemente la mejor de todas, según el cronista Vicente Zabala Portolés, se produjo en el Corpus de Granada el 23 de Junio de 1973, como así nos la relata con verdadera pasión el genial cronista madrileño desde el coso de Los Cármenes:“Las manecillas se habían detenido para ver torear. Y los gitanos del Albaicín rompieron a cantar por lo grande, y los de la Peña Platería lloraban como niños, y los jardines morunos se deshacían en fragancias, y los gorriones inmovilizaban el vuelo justo sobre la plaza de toros, y las gargantas enronquecían perdiendo la noción de los olés, y se sentían las sonantas, y Rafael llamaba a Chicuelo invitándole a que se asomara a los palcos del cielo…”Para Curro Romero el torear es un ejercicio del espíritu, es parte de su vida, es la fuente de su inspiración diaria en donde solo hay majestad y armonía, allí parece detenerse el tiempo, ya no se trata de torear despacio sino de perder la noción de la realidad y trasportarnos con él a imágenes del pasado. Curro frente al espejo de su cuarto de camas cuando toreaba de salón con el capote de su tío; Curro en la soledad silbante del artista entre los pinares de Aznalcázar a primera hora de la mañana, en el color de sus trajes en donde el verde se extiende como un arco iris desde el verde botella, mar, manzana, pistacho, lago hasta su talismán aceituna, transformado en música celestial cada pase con sus únicos instrumentos: el capote y la espada, haciéndonos a todos más presente ese aroma y esa esencia de romero.Decía Vargas Llosa que nunca había visto hacer el amor a tanta gente y al mismo tiempo que cuando toreaba el Curro Romero en la Maestranza. Algo de seducción hay en su toreo embriagador, mágico y silencioso. El escritor peruano nos recordó que el toreo es un espectáculo que se desdobla: el del torero y el del amor compartido y exhibido sin vergüenza, el del espada cuyas acciones y desplantes se ven enriquecidos por la calidez del sentimiento que, como un efluvio, mana de los tendidos hacia el albero, incitando al diestro a triunfar, a doblegar a su adversario, y el del artista que, potenciado por el mimo y el halago, por la fe y el cariño que suscita, se empeña y multiplica. Curro Romero nunca se traicionó a él mismo y a su personal toreo, siempre supo esperar y nunca se quedó a medias cuando el toro lo merecía; en definitiva que no pensó a lo largo de sus muchos años en activo en otra cosa que en los toros. Su afición desmedida posiblemente fue el secreto de su notable éxito y fama. Él nos enseño la fuerza del toreo con su diminuto capotito y muleta, especialmente a la diestra en un mundo en que además y todavía continúan todos corriendo sin pararse.En su tercera y última etapa valía el precio de la entrada por sólo verle hacer el paseíllo con aquella elegancia heredada de Lagartijo, que hasta en las tardes más aciagas nadie como él tenía aquella dignidad torera hasta abandonando la plaza llena de almohadillas.En el recuerdo de aquella época tres tardes felices, la faena de los naturales en San Sebastián en el año 73; una grabada a fuego a cámara lenta en la retina de muchos aficionados dibujando cuatro derechazos eternos ligados en redondo vestido de canela y azabache al toro “Caraderosa”, de Garzón en las Ventas junto a Antoñete, celebrada el 7 de junio de 1985, en aquella ocasión tras el triunfo de Antoñete todos salieron hablando de Curro, como lo haría….; y otra la faena llena de empaque en el año anterior al toro “Flautino” de Gabriel Rojas en Sevilla, un lunes de farolillos con sabor a resurrección romerista y otra gran faena.Todos en mayor o en menor medida nos identificamos con él, nos hizo sentir compañero en la derrota y triunfadores junto a él ante el éxito. Puede decirse que fue una parte de nosotros mismos, a Curro hay que quererle, no hay mas remedio. Los anticurristas han sido los más fieles y los que más le han amado y es que, como me contó en alguna ocasión una gitana en Triana, es una chispa lo que hace ser distinto a los demás. El ser más grande, el revelarse contra lo rutinario. Curro Romero lo ha sido no solamente en la plaza sino en la calle, como así lo hemos podido comprobar quienes hemos tenido la gran suerte de haberlo conocido de cerca, ya no podemos verlo de otra manera, el representa nuestro último mito del toreo, la última leyenda viva. Muchos años de gloria para el único faraón vivo del toreo.