jueves, 29 de julio de 2010

Vuelve el Santo Oficio

FERNANDO SAVATER
El País, 29/07/2010

Por supuesto, no es el caso presentar argumentos a favor o en contra de mantener las corridas de toros, como suele decirse: quienes tienen que justificar la insólita medida son los que han decidido prohibirlas parlamentariamente. Hay gente a la que le gustan los toros y otros muchos que no han pisado una plaza en su vida o que sienten repugnancia por la fiesta: es la diversidad de los hijos de Dios. Pero que un Parlamento prohíba una costumbre arraigada, una industria, una forma de vida popular... es algo que necesita una argumentación muy concluyente. La que hemos oído hasta la fecha dista mucho de serlo.

¿Es papel de un Parlamento establecer pautas de comportamiento moral para sus ciudadanos?

¿Son las corridas una forma de maltrato animal? A los animales domésticos se les maltrata cuando no se les trata de manera acorde con el fin para el que fueron criados. No es maltrato obtener huevos de las gallinas, jamones del cerdo, velocidad del caballo o bravura del toro. Todos esos animales y tantos otros no son fruto de la mera evolución sino del designio humano (precisamente estudiar la cría de animales domésticos inspiró a Darwin El origen de las especies). Lo que en la naturaleza es resultado de tanteos azarosos combinados con circunstancias ambientales, en los animales que viven en simbiosis con el hombre es logro de un proyecto más o menos definido. Tratar bien a un toro de lidia consiste precisamente en lidiarlo. No hace falta insistir en que, comparada con la existencia de muchos animales de nuestras granjas o nuestros laboratorios, la vida de los toros es principesca. Y su muerte luchando en la plaza no desmiente ese privilegio, lo mismo que seguimos considerando en conjunto afortunado a un millonario que tras sesenta o setenta años a cuerpo de rey pasa su último mes padeciendo en la UCI.

¿Son inmorales las corridas de toros? Dejemos de lado esa sandez de que el aficionado disfruta con la crueldad y el sufrimiento que ve en la plaza: si lo que quisiera era ver sufrir, le bastaría con pasearse por el matadero municipal. Puede que haya muchos que no encuentren simbolismo ni arte en las corridas, pero no tienen derecho a establecer que nadie sano de espíritu puede verlos allí. La sensibilidad o el gusto estético (esa "estética de la generosidad" de la que hablaba Nietzsche) deben regular nuestra relación compasiva con los animales, pero desde luego no es una cuestión ética ni de derechos humanos (no hay derechos "animales"), pues la moral trata de las relaciones con nuestros semejantes y no con el resto de la naturaleza. Precisamente la ética es el reconocimiento de la excepcionalidad de la libertad racional en el mundo de las necesidades y los instintos. No creo que cambiar esta tradición occidental, que va de Aristóteles a Kant, por un conductismo zoófilo espiritualizado con pinceladas de budismo al baño María suponga progreso en ningún sentido respetable del término ni mucho menos que constituya una obligación cívica.

¿Es papel de un Parlamento establecer pautas de comportamiento moral para sus ciudadanos, por ejemplo diciéndoles cómo deben vestirse para ser "dignos" y "dignas" o a que espectáculos no deber ir para ser compasivos como es debido? ¿Debe un Parlamento laico, no teocrático, establecer la norma ética general obligatoria o más bien debe institucionalizar un marco legal para que convivan diversas morales y cada cual pueda ir al cielo o al infierno por el camino que prefiera? A mí esta prohibición de los toros en Cataluña me recuerda tantas otras recomendaciones o prohibiciones semejantes del Estatut, cuya característica legal más notable es un intervencionismo realmente maníaco en los aspectos triviales o privados de la vida de los ciudadanos.

En cambio no estoy de acuerdo en que se trate de una toma de postura antiespañola. No señor, todo lo contrario. El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa.

Fernando Savater es escritor. En septiembre aparecerá su libro Tauroética, un ensayo sobre nuestro trato con los animales y la cuestión taurina.

domingo, 13 de junio de 2010

Sabina: "El que no quiera ir a los toros, que no vaya"


20 minutos
20minutos.es
Siendo un gran aficionado a la tauromaquia, ¿cómo vive la polémica sobre su posible prohibición en Cataluña?

El que no quiera ir a los toros, que no vaya. Y que se dejen de tocarnos los cojones, que hay cosas más importantes. Pero que no hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los ame más que los ganaderos y los toreros. Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia: a ninguno se lo respeta más. Ninguno está mejor tratado. Y además, tiene la posibilidad de que lo indulten y pasarse toda la vida follando vacas sin parar (risas).

lunes, 7 de junio de 2010

Calamaro: ¡Toros sí!



MUNDOTORO
Madrid (España). Andrés Calamaro, cantante y compositor argentino, se pronunció anoche en el programa Buenafuente, de La Sexta, en contra de la prohibición de los toros en Cataluña, que algunos grupos abolicionistas persiguen. Durante una entrevista, Calamaro, dijo sentirse "avergonzado porque un compatriota mío junte firmas para abolir esta tradición noble dde mirar a los ojos a la eternidad, el arte y la muerte: las corridas de toros".
El cantante, tras señalar que "me gusta tocar estos temas polémicos", leyó el siguiente comunicado: "Con solemnidad y no sin cierto pesar, renuncio con el estado televidente español de testigo a mi status de progre, sospechado de rojo y libre pensador. Renuncio a la progresía porque quiero corridas en Cataluña, quiero correrme en una Fiesta de arte y muerte, verte correrte de buena suerte, y es más, quiero que vuelva José Tomás en Barcelona de nuevo y no me muevo de mi respeto a las tradiciones y que los papelones los haga mi compatriota que juntó cuarenta firmas por la derrota de esta fiesta que pintaron Goya y Picasso y por si acaso no quedó claro, le aclaró mi buen Andreu, que hago culto por la libertad de culto y si prohibir es progesía y el progre es rabioso anti rojo, mi antojo es renunciar al progresismo ahora mismo. ¡Toros sí!".

miércoles, 26 de mayo de 2010

“Si prohibieran los toros, habría que prohibir la langosta y el paté”


Ayer ganó el III Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez por su artículo «Torear y otras maldades». En esta entrevista denuncia la politización de la Fiesta y defiende la libertad de ir o no ir a los toros

JESÚS ÁLVAREZ SEVILLA

Mario Vargas Llosa se declara «muy feliz» por el premio, concedido por ABC y patrocinado por Persán, que recogerá en Sevilla el próximo mes. También reconoce que el artículo publicado el pasado 18 de abril en El País originó «cartas furibundas» en su contra de los denominados «pacifistas antitaurinos».

-Dice en su artículo que la Fiesta «es un espectáculo con algo de danza y de pintura, de teatro y poesía». ¿Los que no ven nada de esto en los toros, es que no tienen sensibilidad artística?
-Uno de los grandes atractivos de la Fiesta es que se parece mucho a la vida porque reúne cosas muy diversas: música, color, fantasía y misterio. Está relacionada con muchas artes porque hay en ella algo espontáneo que surge y luego desaparece, como el teatro. Pero no se puede juzgar a la gente de manera severa. Hay gente que tiene sensibilidad para la música y gente que no la tiene. Otros la tienen para la pintura o para la poesía. Para ver todo esto en los toros tal vez se requiera cierta sensibilidad y la gente que no la tiene, pues sólo digo que hay que respetarla, por supuesto.
-En Cataluña se identifica en ciertos ámbitos el ser «muy taurino» con ser «muy español». -Es verdad que los toros se identifican mucho con la tradición española, pero yo he estado viviendo cinco años en Barcelona y he visto en la plaza a muchos catalanes que saben mucho de toros. Me parece ridículo, pues, separar la tradición catalana de la tradición española. Y también hay mucha afición y tradición a los toros en otros países como Francia o en América Latina.-En relación con la campaña para prohibir las corridas de toros en Cataluña, Boadella dice que «cuanto más nacionalista catalán seas, más antitaurino debes de ser...»
-Boadella da en el blanco. Detrás de esta movilización, hay muchos antitaurinos por convicción, pero también un elemento político que trata de separar España de Cataluña, algo que a mí me parece inseparable. Detrás de esa campaña prevalece seguramente una intención política más que de amor a los toros.-Sostiene usted que «una langosta o un cangrejo sufren más que un toro», pero admitirá que de este sufrimiento no se hace un espectáculo,..
-Pues yo creo que de la gastronomía también se hace un espectáculo, porque no sólo entra por la garganta o por el estómago, sino también por la vista.
-¿Por qué cree que prohibir las corridas, aparte de un agravio obvio a la libertad individual, es «jugar a las mentiras», como dice en el artículo premiado?

-Porque hay una hipocresía al señalar a los toros como un caso prototípico de crueldad y olvidar que esa crueldad se vuelca sobre muchísimos animales, por ejemplo, en la comida, en la gula, en el vestuario, en el atuendo, y a veces en la pura frivolidad. Y sin embargo, no hay campañas equivalentes a los toros respecto a todas esas formas en las que se puede ver la utilización del animal en función del apetito o del capricho. Los toros existen sólo en los países donde hay corridas y allí son tratados con un cariño y amor extraordinarios, como puede apreciarse en las dehesas.
-Pero la crueldad con el toro en la plaza es innegable...
-Nadie va a negar que la Fiesta es dura y que tiene cierta crueldad, por supuesto, pero esa crueldad la viven casi en igualdad de condiciones los toros y los toreros. Y los toros son animales bravos, animales de combate, de pelea, y los animales que entran en la plaza embisten y se enfrentan así a la muerte. Yo opino que quien está en contra de eso, que no vaya a los toros. Prohibirlos me parece inaceptable: para mí sería lo mismo que prohibir la langosta, los cangregos, el paté, etcétera.
-Si José Tomás hubiera muerto en Aguascalientes, ¿se hubiera acabado el debate en Cataluña sobre si los toreros no compiten en buena lid con los toros, jugándose aquellos también la vida?
-No. Ese debate no se acabará. Es un debate antiguo. Recuerdo el caso de Azorín, que en su juventud fue un antitaurino militante y escribió verdaderos anatemas contra los toros y después se convirtió en un defensor de la Fiesta.-Cuando escribió este artículo ¿recibió algún tipo de presión o amenaza por parte de alguien?
-Recibí muchas cartas hostiles y furibundas. El artículo lo escribí porque había una polémica muy viva sobre este asunto y creí que los que gozamos con los toros debíamos intervenir y no dejar que solamente hablaran los que están en contra. Pero me llama la atención que los que se denominan tan pacifistas antitaurinos se muestren con tanta beligerancia a la hora de defender su postura.
-¿Cuándo fue la última vez que disfrutó de una faena tan intensa «como un concierto de Beethoven o un poema de Vallejo», como comenta en su artículo?

-La última corrida de la Feria de Octubre en el Perú con José Tomás. No le tocaron buenos toros pero, como los grandes maestros, supo construirlos y hacer dos grandes faenas.