domingo, 11 de enero de 2009
se repetía en silencio y fuerza el rito,
y luego la gota corría boca abajo
hacia los manantiales de la sangre,
y así fue y así fue la ceremonia,
el hombre pálido, la sombra arrolladora
de la bestia y el fuego
entre la muerte y la vida bajo el día sangriento.
Pablo Neruda
viernes, 9 de enero de 2009
El toro de lidia, rey de los páramos

Cuando empieza el día, Cristóbal Roldán sale a recorrer su hacienda para controlar que todo esté en orden. La crianza de ganado taurino es su pasión y un ritual que cumple con mucho esmero en su hacienda Peñas Blancas, ubicada a 12 km de Papallacta, en Pichincha.Los cuidadores se levantan muy temprano y llevan a los toros el balanceado con que se alimentan. El frío se acentúa conforme avanza la mañana.“La comida es natural, no es para engorde. Está hecha a base de cebada, avena, maíz, pasta de soya, pepa de algodón... en sus componentes no agregamos ningún tipo de químico”, explica Roldán. Este compuesto se pone en las planicies y la fuente de agua se coloca en lo alto del cerro. De este modo, el toro hace ejercicio y se mantiene en forma. Lo tratan como a un verdadero rey, el rey de los páramos.“Esta raza se caracteriza por acometer. Es un toro de combate que, sin lugar a dudas, merece hacerlo en el campo de batalla como es la feria de toros”, asegura José Patricio Espinosa, administrador del ganado de las haciendas Albacerrada, Mirafuente y Vista Hermosa.Para Espinosa, es elemental destacar que esta tradición se mantiene desde la conquista. “No es solamente un espectáculo, sino es también un tejido cultural con matices históricos que se adaptaron en América”.Los toros tienen un pelaje variado. En esta región se destacan los Albahíos, que tienen el pelo blanco amarillento. Además, hay castaños, negros y cárdenos (grises). Sus cuernos, también conocidos como pitones, tienen formas diversas. Las más comunes son los cornidelanteros (con la cornamenta hacia delante), corniabierto (los cuernos a los costados), corniapretado (los cuernos casi juntos) y también está el cornicorto (con pitones pequeños).En la hacienda La Palmira, donde abunda el ganado Vista Hermosa, la neblina permite divisar apenas la manada de toros sobre un paisaje digno de pintura. Allí se crían animales de lidia desde hace décadas.La cercanía del cuadrúpedo crea un ambiente de riesgo que a su vez estimula la adrenalina. Los animales inspiran un profundo respeto.“Este es un animal bravo, robusto y altivo. Cuando uno se le aproxima se experimenta la sensación de estar frente a una bestia de mitología, la cual con solo un toque podría causar una herida muy grave e incluso la muerte”, comenta Espinosa durante el trayecto. Para seleccionar un toro de lidia se toma en cuenta su fisonomía, que en el lenguaje taurino se llama trapío. Cuanto más bravo sea éste, mejor será la corrida. Para esto, se escogen a las vaquillas más temerarias y se las lleva al tentadero de cada hacienda. Allí se mide su energía y si pasa la prueba podrá ser inseminada, pues de seguro parirá un toro de bravura singular.Otro factor que incide es la edad. La más adecuada es de 4 años. Cuando tiene entre 1 y 2 se denomina Añojo; de 2 a 3, Eral; de 3 a 4 recibe el calificativo de novillo y desde ya su participación en el ruedo tiene nombre propio: novillada. “La crianza de toros genera fuentes de trabajo en las haciendas y en las plazas de ruedos. Hay todo un movimiento que se genera con este animal”, dice José Luis Cobo, administrador de la hacienda Huagrahuasi, en Tungurahua. Un toro de 450 kilos puede llegar a costar entre USD 6 000 y 7 000,
jueves, 8 de enero de 2009
ESPERO CURARME DE TI
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor que
se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están entre dos
gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú saber cómo te digo que
te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame
agua", "¿sabes manejar?,"se hizo de noche"... Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.
viernes, 26 de diciembre de 2008
BARNA

http://depurisimayoro.blogspot.com/
Tomé taxis, un avión de hélice, trenes lentos, rápidos y el tren perfecto, metros que ensucian la piel, vagones que bucean el día. Dormí solo en una cama blanca. Vi el mar de invierno. Barna tiene una poética de pedaleo en bicicleta, un toque perezoso y provinciano. Palpé su costra de abrigo burgúes y su luz de escena de Woddy Allen, su marzo en diciembre. Barna tiene su Harlem como el nuestro, lo vi: una fila de taburetes desnudos y una negra con los labios rojos cantando por Diana Krall. Me perdí hasta sentirme descalzo. Comí mal y cené peor, pero me bebí la brisa del mar y el runrún de triunfo Tomista y farlopa que vuela como el eco en la Monumental. La Monumental es un refugio antiaéreo y español y José Tomás la Resistencia, el fleco del último suspiro antes de ver arder París; su natural la bandera roja. Tú me trajiste aquí cuando yo no sabía aún que las playas quemaban. Me acuerdo: el calor, el R12, amarillo, tu codo acribillado de sol en la ventanilla y mi muletita en el maletero. Me despierto en un tren de cercanías y los sms son una excusa para sentir el frío de los besos mesetarios. Abro y no abro Verónica: otra excusa para sacarme del mundo. Resisto. Entre vías llego a Madrid, vuelvo a casa y pienso en mi madre y en esa cosa tan bonita que me dijo. Y el subidón, la fiebre, la droga no fueron los contratos, ni la prisa, ni si llegaré, ni el gol que quita las telarañas a una cláusula; la metadona de este día tristón fue Morante y Jaime con esa abrazo tan torero y cinematográfico en mitad del pitido de final de partido de un tren que atraviesa el fondo marino de una Iglesia. Morante desafía su tristeza y a Sevilla, separa el agua flamenca del Guadalquivir con encaste santacoloma, con sueño, y pasión torera. Con esa pasión de cantar de gesta que ya no tiene el toreo. Luego pasará algo o nada. Los sueños tienen también su puerta del príncipe.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Hermosa y controversial
Hermosa y controversial a la vez, "violenta y tierna" (como dice una canción), la fiesta de toros genera cada día más discusión y polémica, a medida que nuestras sociedades se internan en la cultura light de la nueva era, a medida que los intelectuales hablan en los foros académicos sobre la posmodernidad y que los medios de comunicación reemplazan progresivamente las ágoras donde se discutía la filosofía, por capítulos renovados de Los Simpson y el Internet permite que niños de Argentina y de la India, se maten en los juegos en red, sin mirarse a los ojos, y sin saber quién está del otro lado de la línea.
El encanto de la fiesta brava tiene algo de inexplicable, porque no es racional, porque no responde a silogismos o números. Tiene algo de atávico, pues nos remite a la emoción más primaria; el miedo y al enemigo más esencial; la muerte.
Sí, porque en la plaza circula el miedo; miedo del torero, quien sabe que la única forma de salir ileso del embate de esas dos muertes afiladas que el toro tienen en la cabeza, no es enfrentarlas con fuerza, sino con extrema delicadeza. La manera de que esas agujas no hieran de muerte, es dominarlas y bordar con ellas. Someterlas no es reducirlas, sino sumarse a su dinámica, aunarse con su ir y venir, armonizar la respiración con la del toro, entrar en su cancha y jugar con sus reglas de ritmo, velocidad, fuerza; ser parte de su dibujo. Sólo entonces, cuando la faena es una con el toro, el peligro aparentemente desaparece para el hombre y el miedo se convierte en logro, en placer, en euforia.
Circula el miedo en el graderío; escondido bajo los sombreros y tras las copas de vino, el miedo es un secreto masivo que se suspira entre muletazos. Cuando el peligro es más que una novelería de fanáticas chic, la plaza se queda en silencio y se puede oír el rasgar del aire de los pitones duros, rozar de la arena de las zapatillas del toreo, el rumor del viento en la capa; entonces el toreo es real, deja de ser un "happening", para convertirse en un ritual, en el único ritual en el que puede llegar al ara del sacrificio, tanto el sacerdote como la víctima traída para el efecto. Cuando no hay silencio en la plaza, es porque no hay miedo, es decir porque no hay ritual, no hay toreo.
Y es el miedo el que dibuja laberintos en la arena, convertido en toro. Porque el toro embiste como efecto también del miedo. Ha crecido para defender su espacio, para no permitir que el trapo rojo, o el hombre de las luces y las estrellas, o la música, o los gritos, ocupen su lugar. Se sabe, se siente provocado y agredido y actúa para defenderse; solo que su estrategia no es huir, sino ocupar el espacio del otro. Solo los mansos huyen. No dan combate. Buscan artimañas para dañar, se van del lugar tirando cornadas, se refugian en las tablas. El toro, cuando es bravo de verdad, se sabe el guión. Sabe que el caballo es su enemigo y lo embiste con decisión cuando aparece en la plaza. Sabe que no debe distraerse un segundo en la pelea y por ello no raspa el piso buscando agua. Sabe que puede ganar la pelea, y por eso sigue en ella hasta el final.
Con el término Thaumatsein, Aristóteles se refiere al asombro como elemento disparador de la sabiduría. Usa el término, para referirse a la sensación del hombre que, admira ante lo que encuentra de manera natural inexplicable, asombro-admiración que le lleva a preguntarse y reflexionar, y como tal, a la filosofía, base del conocimiento y el descubrimiento de la verdad.
Acuña también Aristóteles el concepto de catarsis, trayéndolo de la medicina, y utilizándolo para referirse a la tragedia, que en tanto representación teatral, es de gran utilidad para los espectadores quienes ven proyectadas en los actores sus bajas pasiones y sobre todo porque asisten al castigo que éstas merecen, consiguiendo ellos de esta manera un efecto purificador. La contemplación de la tragedia y la participación del espectador mediante su ánimo (entiéndase mediante su alma) en ella, hace que someta espíritu a profundas conmociones que sirven para purgarlo. Luego de participar en el duro castigo que el destino, y ellos con él, han infligido a los malvados, sienten su alma más limpia. Se sienten mejores ciudadanos.
Así, la fiesta/tragedia de los toros recurre al asombro frente a lo inexplicable – la muerte agazapada en las agujas del astado –y provoca en el público la catarsis cuando la tragedia se resuelve a favor del hombre, cuya imagen delicada, ligera, indefensa, incluso femenina, triunfa finalmente sobre la brutal energía de su enemigo animal.
Ese proceso de catarsis, en que la purificación se encuentra además artesonada con un nivel simbólico y estético que supera lo que la cotidianidad nos brinda y deja en el ánimo la impronta de un encuentro ritual lleno de una brutalidad ternura, que borda sobre la arena instantes plásticos y emociones que, una vez más, nos remiten a ese asombro primal.
Mucho más que testimoniar el ritual, el público participa en él, de manera equidistante. Por el escenario es un círculo, por eso la plaza es un regazo, un vientre, en el que todos los actores, están a la misma distancia de la muerte, y el toro bravo, el verdaderamente bravo, ofrece siempre su muerte, equidistante de todos los asistentes.
¿A favor o en contra de los toros?
¿Se puede estar a favor o en contra del mar, o de un huracán, o del amor?
¿Es elegible el asombro ante la muerte y la naturaleza?
¿Es el alma un músculo voluntario?
¿Podemos congelar el miedo?
jueves, 27 de noviembre de 2008
Los espectáculos taurinos y la economía/ Aguilar

Por Santiago Aguilar
La forma de vida de miles de familias
La fiesta de los toros alimenta a un vasto circuito que trasciende a sus actores directos, de acuerdo a una revisión de la estructura del espectáculo taurino en Ecuador, alrededor de 80 sectores se benefician en forma directa e indirecta con la organización de espectáculos taurinos.
La investigación determina que ganaderos, empresarios y toreros entiéndanse como tales a matadores y subalternos, son la base de una estructura económica muy amplia que alcanza con su vigorosa inyección de recursos, a áreas como la turística, fiscal, comunicación y profesional; participa también de esta saludable dinámica una larga lista de aprovisionadores de bienes y servicios, importantes a la hora de organizar, promover y llevar a cabo los eventos taurinos.
Está claro que los toros, mas allá de constituirse en el eje de las celebraciones de las principales ciudades, son una suerte de dínamo temporal para las economías de las urbes que forman parte de la geografía taurina mundial.
Encontramos que el sector turístico es el que capta los mayores beneficios que genera la industria taurina, beneficios que a su vez se trasladan –por efecto cascada- a una amplia gama de estamentos.
El turismo y el estado
Cinco grandes sectores se nutren del turismo: proveedores de insumos agrícolas (restaurantes), transporte y operaciones (aéreo, terrestre y agencias de viajes), servicios: (alojamiento y hospedaje), empresas de alimentos y bebidas (bares y restaurantes) y animación y entretenimiento (casinos, teatros, cines, discotecas, museos y otros).
El estado es uno de los mayores beneficiados por la realización de las Fiestas de Quito; en materia fiscal la recaudación de impuestos como al Valor Agregado, a los Consumos Especiales y a la Renta, registran un comportamiento diferente por el movimiento económico que se lleva a cabo durante el lapso materia de análisis. El cobro del Impuesto Único a los Espectáculos Públicos por parte del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, registra también números importantes gracias a la actividad taurina la que no recibe subvenciones o recursos del Cabildo.
Beneficios a todo nivel
Los sectores comercial y artesanal también forma parte del círculo virtuoso que genera la fiesta de los toros, grandes y pequeños comerciantes y artesanos aumentan sus ventas por el flujo de visitantes a la ciudad y el comportamiento de consumo de los habitantes de la ciudad con motivo de las tradicionales festividades anuales.
Además de los grupos económicos anotados existen otros de menor estructura que también se nutren de las bondades de la actividad taurina y encuentran en ella la base de sus ingresos como Artistas y Músicos Unidos organización que convoca a 700 profesionales, la Asociación de Vendedores de Espectáculos Públicos (alimentos y bebidas) que aglutina a 165 miembros, la Asociación de Vendedores de Entradas y Anexos de Pichincha que reúne a 120 personas, la Asociación de Vigilantes de Vehículos 200 trabajadores y el Sindicato de Trabajadores de Espectáculos Públicos de las Plazas de Toros con 65 agremiados. Mención especial merece la Unión de Toreros del Ecuador colectivo de uno de los actores del espectáculo que registra 120 socios en diferentes categorías.
Lo cierto es que la fiesta de los toros mantiene su identidad popular no solo por consideraciones históricas, sino además por constituirse en la forma de vida de miles de familias.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Los toros: una fiesta popular

Estamos a siete días del inicio de la Feria Jesús del Gran Poder, en tiempos en que esta manifestación cultural es injustamente cuestionada, vale la pena reflexionar sobre la identidad popular del espectáculo taurino.
El origen de la fiesta de los toros en el Ecuador se remite a épocas coloniales, tiempos en que los conquistadores españoles trasladaron al nuevo mundo los juegos de toros y con ellos marcaron el futuro taurino de varios países iberoamericanos. La Conquista determinó una maravillosa fusión encarnada en el mestizaje y presente en la adopción de una nueva fe y nuevas costumbres que con el paso del tiempo se convirtieron en elementos muy propios del continente americano.
La nueva realidad étnico-cultural, resultado del encuentro de dos civilizaciones, estuvo marcada por las circunstancias dolorosas de la guerra de Conquista y el establecimiento de un importante avance en materia cultural, social y tecnológica. La fiesta de los toros no se mantuvo al margen de la asombrosa simbiosis.
El sincretismo que se produjo entre las fiestas religiosas católicas contenidas en el calendario español y las ancestrales celebraciones indígenas nacidas de la cosmovisión propia de los aborígenes, facilitó que pronto se asumiera a los toros y sus juegos como elementos consustanciales de la cultura popular, adornados por los extraordinarios matices otorgados por la sierra andina y el mestizaje plasmados de manera multicolor por elementos de origen claramente hispánico y otros de raíz indígena y precolombina.
Así las cosas, podemos concluir que la fiesta de los toros ha formado parte de la vasta riqueza cultural de la ciudad durante más de cuatro siglos.
Riqueza inmaterial
En el libro “La Fiesta Popular en el Ecuador” de Oswaldo Encalada Vásquez son permanentes las referencias al toro bravo como el eje de los espectáculos populares que se celebran en prácticamente todas las parroquias y cantones de las provincias de la Sierra ecuatoriana. El autor en la introducción de la obra conviene en la validez del sincretismo social, étnico y cultural, apuntando que “Uno de los primeros componentes más importantes de la cultura no material de los pueblos es aquel que tiene que ver con sus fiestas y celebraciones. En este campo como en muchos otros, nuestro país es extremadamente rico en sus manifestaciones. La convergencia de diversas etnias y hasta las razas ha creado un variado caleidoscopio donde es posible apreciar desde los rituales netamente cristianos hasta las formas autóctonas andinas; desde la concepción occidental de la muerte, hasta las fiestas agrarias de los indígenas.
La convivencia de los diferentes elementos poblacionales ha logrado un mestizaje profundo y vital que forma el verdadero sustento de nuestra identidad”
En otros apartados del estudio se precisa el contenido de las fiestas, su extraordinaria puesta en escena y el exuberante contenido simbólico de las mismas, concluyendo que entre las más importantes manifestaciones populares e indígenas, las corridas de toros son un elemento básico de la riqueza inmaterial del Ecuador.