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sábado, 8 de diciembre de 2007

El fin de la ducha caliente/ Esteban Ortiz Mena


PEQUEÑOS COMENTARIOS SOBRE EL ÚLTIMO FESTEJO DE LA FERIA DE QUITO “JESÚS DEL GRAN PODER 2007"

Por Esteban Ortiz Mena

Yo creo que los libros lo escogen a uno y no al revés, como se cree…

La mañana del 6 de diciembre de 2007 traía una mezcla de sensaciones. Era el último día de Feria. También estaba cansado: el trajín de nueve días intensos es agotador. Por eso, esa mañana, algo aletargado escogí un libro al azar (que terminó escogiéndome a mí). Me lo llevé a la cama porque tenía frío y sobre todo porque me quería volver a acostar. Son esos días en los que alargamos el momento de levantarnos, como si existiera un mundo paralelo del cual no quisiéramos salir: el de los sueños.

Al repasara las primeras hojas encontré un dialogo del personaje de la novela (un estudiante en París que pasa las penurias de vivir lejos y en condiciones precarias, pero dignas) con el cual me identifiqué: “El abono trimestral de la piscina había sido una importante inversión de mi parte, pues costaba 120 francos, pero una ducha caliente cada día era lo único que podía devolverme a la vida”.

El valor de una ducha caliente, dice Santiago Gamboa en El síndrome de Ulises, va más allá del precio o del chorro de agua que cae y se convierte en la sensación placentera que da sentido a la vida.

Los días de toros son esa ducha caliente que es, también, lo único que nos podía devolver a la vida. Que no es eterna (ni la vida, ni la ducha). Es como La tregua que Mario Benedetti da en su novela a su personaje principal: “Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era sólo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más”.

Esa tregua de felicidad: los toros.

Así vivimos los taurinos, de tregua en tregua, en búsqueda de nuestra felicidad. Esa ducha caliente de nueve días… que ya se acabó.

Por cierto, esa tarde, en el primer toro… la enormidad de César Rincón. Quizás ayudó a que la tregua sea un poco más larga y el sabor a fin de fiesta, mucho más placentero.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Las novilladas de toros/ Nochetriste

Reseña de la octava de la Feria “Jesús del Gran Poder”

Por Nochetriste

Las corridas de toros se llevan a cabo con animales que han cumplido los cuatro años. Se cree, desde ya hace más de ciento veinte años, que es esa la edad de madurez de un toro y en la que ya los animales de estas características han alcanzado físicamente su mayor expresión, tanto corpórea como cornea.

Quienes matan estos animales deben pasar por una ceremonia que se llama “la Alternativa”, en la cual dos alternantes, que ya pasaron por este trámite, les confieren dicho título, el de matador de toros. Uno en calidad de padrino y otro en la de testigo. A partir de entonces, quienes han pasado por “la Alternativa” matarán animales de cuatro o cinco años y en la jerga taurina se dice que ya nunca perderán el honor de ser matadores de toros.

Antes de esta ceremonia, quienes quieren llegar a ser matadores de toros, deben pasar por dos instancias previas. Novilleros sin picadores y novilleros con picadores. En el Ecuador por los pocos festejos que se dan en el país, la primera instancia es muy corta, solo hay tres novilladas sin picadores institucionalizadas en todo el año, son en Quito y hacen de prolegómeno la Feria que ahora vivimos.

Las novilladas con picadores, son en las que ya están aquellos que tienen algo que permite ver que pueden llegar a matadores de toros. En sí, significan el camino a recorrer para decidir si este es un camino de vida para los respectivos jóvenes. Normalmente, en estos espectáculos lo que más se ve son las formas en bruto de los aprendices de torero, además de la necesarísima voluntad y valor que necesitarán para llegar a matadores de toros.

Los novillos, es decir, los animales de tres años, normalmente son más fáciles que los toros, pues son más pequeños de tamaño y eso cuenta mucho sicológicamente y porque vienen y van con más alegría, reparan menos en los defectos de los toreros y en general son más alegres en su embestida.

Los toros con cuatro o cinco años ya son otra cosa, ellos, con las barbas en su sitio, piensan más, tienen otra mirada y demuestran en el ruedo que quien está delante debe estar preparado para su lidia.

Ayer, en la Plaza de Toros de Iñaquito se llevó a cabo la octava tarde de feria. Fue una novillada en la que toreaban dos españoles y un ecuatoriano. Este último es una de las promesas del Ecuador y en Quito se le esperaba con enorme expectación. Los novillos eran de Trinidad y uno de Mirafuente, todos de encaste Domecq. No ayudaron a los toreros y con pocas excepciones la tarde resultó aburrida y tediosa.

Los novilleros dejaron otra impronta de la esperada. El ecuatoriano fue lesionado por su segundo novillo en los ligamentos de la rodilla, por lo que la expectación se quedó en la enfermería. Y los dos españoles esbozaros posibilidades, sin dejar esas estampas de jóvenes que quieren llegar a pesar de todos los impedimentos que les pone la realidad; que echan rodilla en tierra si el animal no colabora; que entre quites vistosos, naturales o derechazos destellan futuro; que matan a los animales con total entrega, arriesgando, casi inconscientemente, todo lo que les queda de vida.

Ayer vimos una lesión y dos españoles de escuelas taurinas, que no salen del molde. Que imitan y no crean, que siguen y no guían, que tranquilizan y no ilusionan.

Ayer vimos una novillada flojita para dos españoles flojitos y un ecuatoriano que tras un año de esfuerzos, suyos y ajenos en España, se encontró con la mala suerte y nos dejó el sinsabor de la expectativa tardía.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El difícil arte de insultar/ Esteban Ortiz Mena


PEQUEÑOS COMENTARIOS SOBRE EL SÉPTIMO FESTEJO DE LA FERIA DE QUITO “JESÚS DEL GRAN PODER 2007"

Por Esteban Ortiz Mena

Insultar con altura, siempre es difícil…

En un país en el que es cada vez más fácil ser víctima de insultos, también es cada vez más difícil sentirse ofendido. Las circunstancias son tantas como insultos puede haber.

¿Quién no ha sido insultado? Ahora el irrespeto es tal que ya no se considera ni edad ni condición ni género. La falta de moral y caballerosidad genera que el intento por humillar no tenga límites. Cuántas veces mujeres se ven vejadas por diversas causas sin que exista un mínimo de respeto. Por eso, nadie merece ser insultado.

A más de la dificultad por ofender, también existe una falta de originalidad. Hablando estrictamente, casi nada ofende ya de veras y los taxistas, buseros, algún ignorante que va a los toros a insultar al Presidente de Plaza y otros insultadores profesionales se ven en apuros ante el desafío de encontrar las palabras justas.

Puede ser por costumbre o por la falta de originalidad que ya no nos inmutamos con dichos y expresiones que también van evolucionando. Los términos cambian intentando sorprender y llegar con la verdadera fuerza de una humillación. Ahora a nadie se le ocurre expresarse con un anacrónico ¡mequetrefe!; un débil ¡cuadrúpedo! o un infantil ¡cuatrojos!.

El insulto DEBE ofender. De la variedad clásica de insultos graves, ¡hijo de puta! ha perdido mucha eficacia, quizá por la cada vez más alarmante falta de respeto a la madre, por lo que no nos inmutamos con el sentido de la expresión. En cuanto a ¡imbécil!, ya no hay nadie que se lo tome en serio; es más, no es raro su uso como apelativo afectuoso; ¡cretino! que tuvo tanta fuerza en el pasado, ha caído en desuso, y otro tanto hay que decir del popular y antaño ofensivísimo ¡desgraciado!. Sobre el término “idiota”, “estúpido” y similares hace tiempo que se consideran romos y en exceso subjetivos y otros como “pillo”, “canalla”, “miserable”, “cerdo” y “bobo” sólo pueden salir de alguien tremendamente ingenuo o arcaico.

¿Qué sucede? ¿Es que ya nadie se sorprende por nada? O, por el contrario, ¿se ofende la gente tanto como siempre, pero la ofensa no llega ya a través del insulto directo, demasiado primitivo para nuestro tiempo?

En fin… ayer en la Plaza de Toros Quito ocurrió algo de esto.

Una corrida de toros es un espectáculo popular, cultural y de altura. Por eso, lo ocurrido no tiene nombre. Aunque discrepemos con la Autoridad, aunque creamos que haya fallado en sus decisiones, esto no nos da derecho a faltar al respeto a quien ostenta un cargo público. Si nos opusiéramos a otras decisiones, viviríamos en un estado de anarquía al cual, bajo ninguna circunstancia, quisiéramos llegar. Una vergüenza el episodio protagonizado por el máximo representante de la Cámara de Comercio de Quito.

No se preocupe señor Presidente de Plaza, el festejo fue muy malo y usted no tiene la culpa. Suponemos que este sujeto debe de tener educación básica y debe de carecer de los más elementales principios de torería como para no entender que así son las decisiones en una Plaza, aunque no estemos de acuerdo. La instigación y la calumnia son delitos, así que siga usted haciendo lo que tiene que hacer, y no se junte con delincuentes. Estoy convencido de que tiene todo el respaldo de la afición que va con altura a una plaza de toros a disfrutar de lo que ocurre en el ruedo y que también se siente ofendido por la actitud prepotente de un sujeto que quiso tener protagonismo en un espectáculo donde los únicos protagonistas son toro y torero.

Estoy seguro de que los epítetos calumniosos no fueron los suficientemente originales como para sentirse insultado.

La vulgaridad destruye cualquier tipo de arte. Y del resto nada, absolutamente nada…

martes, 4 de diciembre de 2007

La tarde definitiva/ Nochetriste


Reseña de la sexta tarde de la feria "Jesús del Gran Poder" 2007

Por Nochetriste

Los toros de la ganadería de Baltasar Iván son famosos por su bravura y sus bellas formas. En una pared de dicha ganadería se lee: "Los toros de Baltasar son chiquitos y bonitos pero bravos a rabiar". En la sexta tarde de la feria de Quito parece que los ancestros no iluminaros a sus crías, pues la novillada de la ganadería de Santa Rosa- proveniente de Baltasar Iván- no llenó las expectativas que los aficionados que fueron a la plaza tenían de ella.

En la fiesta taurina cuando los toros, los máximos actores de plaza no ayudan a los toreros, cuando no entran dentro de los miles de matices que hacen que digamos que han ayudado para un triunfo- bravura, codicia, nobleza, clase, toreabilidad, transmisión son algunas de las condiciones que debe tener un toro en su embestida para poder decir que ha ayudado- por mucho que hagan los toreros de turno, nada pasará.

En la tarde del 3 de diciembre toreaba un novillero ecuatoriano del que queremos hablar. Viene de familia taurina, dicen que tenía un tío que sabía de toros lo que pocos en este país, que llenaba las tertulias con su gracia y vivía entre toros y noches. Ese tío podría haber sido profesional, dicen también, pero la vida lo puso en otros senderos y ahora dos de sus sobrinos quieren hacer del mundo de los toros su forma de vida. Martín Campuzano se llama uno de ellos y su ejemplo le sirve a este escrito como demostración de lo duro que es el mundo de los toros en el Ecuador.

Para llegar a torear en la plaza de toros Quito quienes quieren llegar a ser toreros, deben hacer todo lo imposible por torear. En Ecuador se dan toros en todo el país, en contra de lo que cree la mayoría de la gente. Desde Lago Agrio hasta Valencia Quevedo; desde Loja hasta Esmeraldas; desde Puyo a San Miguel de Bolívar.

En todos esos sitios habrá estado Campuzano este año y en muchos más. Por las condiciones de esos festejos, habrá cobrado poco menos que los gastos que le costó trasladarse y pernoctar en dichos lugares. Además de viajar, las condiciones de esas novilladas o festivales son profundamente distintas a las de torear en Quito, Ambato, Riobamba o Guayaquil –las plazas más importantes y tradicionales del país-, porque no hay enfermerías en las plazas portátiles que se montan, porque los toros que van allá no brindan garantías la mayoría de las veces y porque los kilómetros desgastan y los triunfos duran menos de media hora del viaje de regreso, pues ninguna de estas tardes significa nada para crecer taurinamente de cara a las grandes empresas del país.

Además, nuestros toreros deben pagar por matar toros en las plazas de tienta de ganaderos que decidan venderles animales de poca confianza, enfermos o con defectos que les impidan lidiarse en público.

Así llega Campuzano, con todas las cartas puestas en Quito. Y cuando en el coso de Iñaquito no puede ser, cuando los toros no ayudan o los toreros están en una tarde desafortunada las perspectivas se complican a futuro. Si en la feria
"Jesús del Gran Poder" la cosas no se dan como se esperaban, habrá que esperar un año al menos para esbozar alguna esperanza.

Pepe Moral que compartía cartel, es español, en similares circunstancias que Campuzano, pero nacido en las iberias. Este año toreó y triunfó en Madrid después de haber toreado, en el mes de mayo ya, veinte novilladas. Cerró la temporada con más de cincuenta tardes y se fue de Quito con el mismo resultado que Martín. La gran diferencia es que él regresa a un país que acoge más de tres mil festejos al año y seguramente Moral entrará entre los que se acomodan y reconocen a estos- un festejo en Quito por ejemplo- como pequeños fracasos.

Campuzano, nuestro compatriota, hoy habrá dormido hasta tarde, escondiendo en las sábanas la frustración de irse sin gloria. Su vocación- porque para dedicarse a esto hay que ser casi un súper hombre- es la que dirá si se despierta y ya tiene en la cabeza otras posibilidades taurinas o si, como tantos otros compatriotas que pudieron llegar alto, repara en que ser torero en el Ecuador, con tan pocas oportunidades, es una utopía que no tiene sendero conocido.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Lágrimas en una tarde de Domingo/ Esteban Ortiz Mena


PEQUEÑOS COMENTARIOS SOBRE EL QUINTO FESTEJO DE LA FERIA DE QUITO “JESÚS DEL GRAN PODER 2007"

Por Esteban Ortiz Mena

Extraño esa capacidad de llanto y alarido. Correr con lágrimas en los ojos sin que importe nada más que el lamento (y los motivos que lo producen) es algo que asombrosamente olvidamos con el tiempo… por eso se vuelve necesario llorar.

El toreo es tan grande que desborda lo que sentimos, nos llena tanto el alma que logra humedecer nuestros ojos con mucha facilidad. En los toros, las lágrimas brotan sin explicación, por generación espontánea, cuando lo que se ve (y se siente) llega a los sentidos.

Por eso, el toreo es un ejercicio espiritual que carece de sonidos cuando brotan los sentimientos. Así lloro en silencio Diego Rivas. Ejercicios de intimidad única, porque sólo el torero siente la inmensidad de lo que genera; y solo el espectador vive la intensidad de lo que esta viendo. Fueron cuatro orejas y todo le salió bien. Hasta las lágrimas.

Es que los toros están hechos de momentos y a mas intensidad, mas profundos se vuelven; más calan en nuestros sentidos. Ahí aprendí que en eso radica el arte: en revolver los sentimientos y llorar. “Los sentimientos son pensamientos en conmoción” decía Unamuno… pues en eso también, porque el pensar es un sentir y “la emoción del toreo, para el que lo hace como para el que lo ve, nace de ese pensamiento conmovido” (Bergamín José, La música callada del toreo, ed. Tuner, Madrid 1994, p8.)

La entrega y el pundonor bien descrito: esos es Domingo López Chaves. Por sus lágrimas y sus cojones… por las nuestras también. La verdad genera emoción cuando se describe de manera honrada. Tanto, que lágrimas brotaban cuando emocionados veíamos torear y también cuando fue golpeado por un toro. Las gotas de sangre y de lágrima son las mismas pero de diferente color. Muchas veces también lloramos sangre, aunque no lo notemos.

Porque fue la tarde de Domingo… y con un solo toro, aprendimos grandes lecciones de vida. Intensas e irrepetibles.

Fernando Claramunt dice que los toros “me han ayudado a comprender que, por la práctica repetida de una conducta irracional y apasionada, descubre uno mejor la distancia entre los sueños y la realidad”, haciendo que podamos vivir con “intensidad momentos irrepetibles e inolvidables”.

Llorar, como la torería, es un complemento del pensamiento conmovido que cuando brota en una plaza, nadie que así lo sienta, lo puede contener.

Fue un festejo de lágrimas y emociones. Sí, eso fue lo que pasó una tarde de domingo…

domingo, 2 de diciembre de 2007

El gusto por el humo de la chimenea/ Esteban Ortiz Mena


PEQUEÑOS COMENTARIOS SOBRE EL CUARTO FESTEJO DE LA FERIA DE QUITO “JESÚS DEL GRAN PODER 2007"

Por Esteban Ortiz Mena

Lo mejor de la tarde de hoy: una chimenea. Conversación agradable frente a unos leños encendidos con toreros que se quitan el traje que les cubre de héroes y se vuelven aficionados. Las luces del traje se transforman en destellos brillantes de luz de chimenea ardiendo sabiduría y anécdotas a través de una conversación agradable.

Las palabras iban y venían: se cruzó por el camino Oscar Wilde, volvíamos al toro bravo, pasando por la comparación de la utopía con el horizonte que hace Eduardo Galeano (me enteré que la utopía es como el horizonte: cuando damos esos primeros diez pasos, nos damos cuenta de que queda diez pasos más lejos. Por eso es importante, porque nos motiva, al menos, a seguir caminando), lidiando faenas intensas, hasta la belleza del lugar donde nos encontrábamos.

La chimenea tiene ese poder misterioso de aglutinar. El calor abriga, así como las palabras bien dichas: fueron varias faenas las vividas, escuchando sobre encastes, descubriendo como se puede torear sin toro conversando.

La casa de unos ganaderos generosos, a pesar de la preocupación por la preciosa corrida santacolomeña que lidian el día de mañana, que nos recibieron con las puertas abiertas. Estaban los toreros españoles que los torean, sin ambages ni tapujos. Las mejores tertulias son espontáneas, a la salida de una plaza…

Por cierto, los toros de la tarde de hoy... Luego de tanto, hasta me había olvidado que hubo corrida.

De lo de hoy, “na´ de na´”… me quedo sin duda, con las enseñanzas que se impregnan a la piel como el humo de la chimenea.

Ya veremos mañana…

sábado, 1 de diciembre de 2007

Una cuestión de fe/ Esteban Ortiz Mena


PEQUEÑOS COMENTARIOS SOBRE EL TERCER FESTEJO DE LA FERIA DE QUITO “JESÚS DEL GRAN PODER 2007"

Por Esteban Ortiz Mena

Los toros son una cuestión de fe. Y para entender la fe, hay que profesar un culto.

Héctor Abad Faciolince, comenta en una novela maravillosa (El olvido que seremos, libro de lectura obligatoria que recomendamos fervientemente) que en asuntos de religión, creer o no creer no es sólo una decisión racional. La fe o la falta de fe no dependen de nuestra voluntad, ni de ninguna misteriosa gracia recibida de lo alto, sino de un aprendizaje temprano, en uno u otro sentido, que es casi imposible de desaprender. Si en la infancia y primera juventud se nos inculcan creencias metafísicas, o si por el contrario nos enseñan un punto de vista agnóstico, o ateo, llegados a la edad adulta será prácticamente imposible cambiar de posición. Los niños nacen con un programa innato que los lleva a creer, acríticamente, en lo que afirman con convicción sus mayores. Es conveniente que sea así, pues qué tal que naciéramos escépticos y ensayáramos a cruzar la calle sin mirar, o a probar el filo de la navaja en la cara para ver si corta de verdad. Creer a ciegas lo que le dicen los padres es una cuestión de supervivencia, para cualquier niño, y en eso caben los asuntos de la vida práctica como también las creencias religiosas. No creen en fantasmas o en personas poseídas por el demonio quienes los han visto, sino aquellos a quienes se los hicieron sentir y ver (aunque no los vieran) desde niños. No creen en toros quienes no han experimentado esa transformación metafísica al involucrarse en una faena, ver un par de banderillas y contagiarse del espectáculo.

El Fandi, como cura en procesión, logró con sus sermones mas adeptos. Seguramente, hasta convertidos. Los niños en los tendidos contagiados del rito; en las calles muchos más poniendo banderillas con la alegría de un juego bien aprendido. Cortó dos orejas, una a cada toro, lo que le valió ser cargado a hombros y salir por la Puerta Grande. El santo en andas y los niños adorando al rehiletero.

Lo mejor El Juli, que toreo para los conversos. Mientras El Fandi captaba adeptos, con El Juli los confesos hacían la confirmación.

Y todos salimos contentos…

viernes, 30 de noviembre de 2007

El padre del torero/ Nochetriste

Reseña de la segunda tarde de la “Feria Jesús del Gran Poder” 2007

Por Nochetriste

El mundo de los toros vive de las pasiones. Lo que vemos quienes acudimos a los graderíos es solo a uno de los seres humanos que se están dejando los nervios en el ambiente, para lograr conjugar arte y sangre; valentía y sensibilidad.

Ayer, en el Festival Taurino que hacía las funciones de la segunda tarde de la feria “Jesús del Gran Poder”, me encontré sentado muy cerca del padre de uno de los actuantes. Por su rostro pasaron todas las emociones que le caben a un cuerpo humano: euforia, pánico, tranquilidad, lejanía, histeria, nerviosismo y tranquilidad; cariño, amor y odio.

Al verlo desconsolado y eufórico en un solo segundo y todo mezclado y todo a la vez, creí que al haber vivido un festejo taurino por decir lo menos aburrido; habría que hacer algún día una reseña de esas personas que sufren pero no enfrentan, que viven el mismo miedo que quien se pone delante de los pitones de los toros, pero no pueden sacárselo del cuerpo enfrentando a nadie, excepto a sus más feroces monstruos que en forma de elucubraciones paranoicas, ven el triunfo o el fracaso del ser querido horas antes de que el suceso se lleve acabo.

Este elegante hombre, de acento lejano, y voz cálida, estuvo como cualquier otro durante los cinco primeros animales de lidia ordinaria. Hacías comentarios, reía, se callaba, se molestaba con el recalcitrante sol y hasta salía al baño como la mayoría de espectadores que siguiendo los cánones de comportamiento social en circunstancias de este tipo, aprehenden del comportamiento ajeno y homogenizan las formas.

En el sexto de la tarde la erupción salió a tierra. El novel torero salió a lancear al viento antes que el animal salga al ruedo y su padre ya le coreaba los olés con los ojos acompañados de exquisitas formas de abrir y cerrar los labios; remedando la voz que- esperaba el padre- no tardaría en completar el cuadro pocos segundos después.

Ese debe haber sido el momento de más miedo del torero, quince mil almas pidiendo fiesta, y una sola enfrentando el temible desafío.

Salió el negro novillo. El torero lo recibió de rodillas. Tres grandes y estruendosos olés del padre, y un poco menos fervientes de los demás asistentes. El saludo fue bueno, el padre olía a triunfo. La madre, comentaba un momento antes, no venía porque su miedo era mayor a su posibilidad de guardar la cordura- me recordó que la madre de César Rincón murió quemada por las velas que encendió al rezar mientras toreaba su hijo-.

En la muleta el novillo fue menos, la plaza olió la querencia en la fiesta que le esperaba fuera y los esfuerzos, inteligentes y valerosos del torero, valieron menos que el cansancio del nítido y arrasador sol que nos había acompañado la tarde entera. La muerte se tomó su tiempo y con él, las posibilidades de triunfo. El torero esbozó una vuelta al ruedo, con la misma voluntad que hizo la faena y el padre, al verlo pasar se abstuvo de aplaudir, como llevándose la ovación dentro, aplaudiéndose a sí mismo, viendo a los ojos del hijo que llena su ilusión de futuro.

Me imagino que habrá llegado al hotel y no tomó un baño como el torero. Tampoco recibió las alabanzas de los que reconocían al novillero, ni habrá pensado en la siguiente tarde que enfrentará su torero en esta misma feria. Al menos por esa noche.

Al recostarse, debe haber agradecido al dios de turno. Ojalá, al menos debajo de las sábanas, haya animado su mano izquierda un natural, al que que sus labios corearon Olé. Y digo ojala, porque ese reconocimiento, habría sido el más merecido de todo el 29 de noviembre en la ciudad de Quito.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Ponce y el valor de la lentitud/ Nochetriste


Reseña de la primera tarde de la Feria “Jesús del Gran Poder” 2007



Por Nochetriste

Si fuera toro pediría que quien me toree sea Enrique Ponce; si fuera torero lidiar toros de Domecq; si fuera público poder vivir la mayor cantidad de corridas de toros en cualquier plaza del mundo y si fuera aficionado ver a Morante bordar el toreo, una y otra vez, a un toro bravo de Santa Coloma en la plaza de toros de” las Ventas “de Madrid.

Ahora bien, como ni soy toro, ni pude ser torero; ni puedo entregarme la representación en mi sola persona de todo un público, ni creo poder llamarme aún- tras una vida de ver y sentir el torero- aficionado, mejor cuento al lector los detalles que nos dejó este soleado miércoles de noviembre la primera tarde de la feria taurina quiteña del 2007.

Ponce lanceo de capote a su primer toro - el mejor de la tarde por su clase, pero como el conjunto con toques de sosería y falta de bravura y transmisión- y toreo de muleta a su segundo, tan exquisitamente como esperaban todos quienes pagaron sus entradas la tarde de hoy. Estuvo perfecto.

Juli estuvo enrazado con un primero malo y poderoso con el segundo que se apagó pronto.

Albán, inteligente y claro con un mansito clasudo que hizo de tercero, suscitó las mayores emociones de la mayoría y estuvo muy pundonoroso en el sexto al que mató fenomenalmente. Esto le valió una oreja.

Como dije en el párrafo inicial, Ponce fue el matador de toros que todo animal quisiera tener al frente. Los entiende a todos, a todos les da la faena que necesitan. Parecería que con solo mirar al toro entabla una conversación que se alarga hasta que lo despide de este mundo.

Alguien decía hoy en la plaza de Iñaquito que parecería que este hombre tiene energías, extrañas a los ojos racionalistas que escriben esta reseña, que compatibilizan enseguida con los animales, que ni se despeina y que parecería que en todas las vidas que vivió ha ido perfeccionando el toreo.

De la tarde de hoy me quedo con él y el concepto que lo hace figura del torero. Este se divide en dos grandes áreas- estoy consciente de sonar repetitivo, pero si el torero estuvo así de reiterativo toda la tarde, nuestro homenaje es caer en su juego-:

La primera es su inteligencia. Todos los toros le caben en la cabeza y a todos les hace la faena que piden. Por eso parecería que todos en sus manos embisten.

La segunda, su despaciosidad. Todo lo que hace, lo hace despacio. Como torea, este hombre, debe lavarse los dientes, acostarse a dormir, molestarse con su esposa. Para poder torear y estar en la plaza de toros como está, su vida debe ser lo que en la de los comunes mortales es la cámara lenta.

Lo sublime del toreo se hace despacio, acaso igual que en la vida. No nos olvidemos del refrán que dice que las prisas son para los malos toreros, para los ladrones -.y lo que es más grave y difícilmente se cura- para los malos amantes.

Mañana sigue la feria. Hasta entonces.